Aseguramiento: el vínculo sagrado
Este artículo fue escrito por Raymundo Arciniega Dettmer, fue publicado por primera vez el lunes 16 de abril de 2012, 17:27, en la revista e-LTE.
El muro de escalada es donde actualmente la mayoría de la gente se introduce al mundo de la escalada, por lo que es conveniente hacer conciencia desde ese primer contacto que el acto de asegurar envuelve una gran responsabilidad, y es una palabra mística y sagrada que no acepta errores.
Pero es rarísimo aquél que aborda la gran misión y responsabilidad que caerá entre sus manos de quién efectuará la delicada acción del aseguramiento. La escalada en cordada es sin duda, un acto de confianza mutua y el asegurar es la palabra mística y sagrada que lo simboliza.
Recuerdo nítidamente como si apenas ayer hubiera sido el curso de escalada que tomé hace 30 años, y la primera maniobra que nos enseñaron nuestros “durísimos” instructores fue aprender a detener caídas. Si no la ejecutabas a la perfección no había manera de seguir con ese curso adelante.
La lección fue brutalmente dura ya que utilizábamos el sistema “8”, el cual era un dispositivo muy precario para frenar y había que ponerse muy vivo para lograrlo, pero nos sirvió para inculcarnos el respeto y la responsabilidad que esto representaba, marcándome profundamente para toda mi vida posterior de montañista. Hoy veo con gran pesar que la gente que escala en rocódromos suele ser bastante despreocupada ya que no tienen ni idea de esa enorme responsabilidad que significa comprometerte a fondo en esta maniobra, y creen con una falsa sensación de seguridad qué no hay ningún riesgo en hacerla. Grave error.
El acto de asegurar quiere decir dar la protección a un escalador que puntea, el cual está literalmente confiándote su vida. Hay que hacerlo sin dudas, de forma correcta y ésta es una maniobra que requiere saber de técnicas y reacciones adecuadas, ya que el asegurador tendrá la misión de controlar la cuerda para poder sujetarla con rapidez si se produce una caída, frenándola instantáneamente.
La mayoría de los manuales y todos los artículos que nos hablan sobre técnica nos hacen abordar directamente las fases del desarrollo de cualquier momento de escalada: encordarte, poner anclajes, enmosquetonar, montar rapeles y una larga e innumerable lista de maniobras.
Podrás tener el equipo más caro, tenis de última tecnología, saberte todos los nudos y todas las maniobras, pero si no sabes asegurar bien no podrás decir que estás listo para empezar a escalar de forma segura.
El buen asegurador manejará adecuadamente la cuerda, teniendo una extraordinaria comunicación con el escalador, así como el dominio perfecto de cada aparato. Nunca estará divagando ni dejará de observar y poner atención anticipándose a cada movimiento de quién su seguridad depende.
Muchos de los accidentes no son consecuencia de algún fallo del equipo y se hubiesen podido evitar si la técnica de aseguramiento se hubiese aplicado correctamente volviendo la escalada desafortunadamente en algo peligroso.
Con el paso de los años he podido observar que los que se inician y con la ilusión de escalar ponen en sus manos su integridad a cualquier persona que ande por ahí ya sea en el rocódromo o las zonas de escalada, sin conocer a fondo si realmente sabe hacer esta sagrada maniobra.
Me siento sumamente privilegiado cuando mis alumnos más avanzados me eligen para asegurarlos en las vías difíciles que intentarán, convencidos que no habrá ninguna falla ni descuido. La confianza es primordial.
Espotear el inicio, prestar atención a sus órdenes, dar y recuperar cuerda, anticiparnos al momento en que va necesitar cuerda para mosquetonar, preparado en todo momento para detener la caída, son obligaciones implícitas del buen asegurador y resulta imposible cumplirlas si uno está sentado o tumbado, fumándose un cigarrito, ligándose a la amiguita, contestando el celular o papaloteando moscas.
El buen asegurador estará siempre atento, en pie, de cara al compañero, interesado en lo que está haciendo y preparado actuar prontamente. A los malos aseguradores no les importará que te pueda pasar. Su aburrimiento, la irresponsabilidad y su falta de compromiso harán que te lleven demasiado tenso evitando que fluyas libremente o desequilibrándote, o a darte demasiada hebra, provocando una caída larga o perdiendo totalmente el control y dejándote ir a estrellar hasta el suelo.
El asegurar requiere de mucha práctica y experiencia pudiendo intuir el avance del escalador “sintiendo” a veces solo los movimientos de la cuerda.
Una actitud cuidadosa será una medida infalible contra el desastre, especialmente en las rutas deportivas en las que las caídas se han vuelto algo rutinario. Así que procura siempre que la persona que te asegure sea de tu máxima confianza y que ambos estén familiarizados, asegurándose mutuamente como les gustaría que los aseguraran.
El buen asegurador sabe hacerlo perfectamente desde el piso o desde una reunión colgado, no habrá de notarse ninguna diferencia.
Antes de que decidas asegurar a alguien utiliza las tres “R”: Responsabilízate, Reflexiona y Resguárdalo.
Consejos Prácticos:
1.- Elige el aparato correcto para asegurar. En vías de deportiva con seguros fijos utiliza el grigri y en vías de tradicional un dispositivo ATC. Conoce sus ventajas y desventajas de cada uno a la perfección.
2.- Si aseguras a alguien mucho más pesado que tú es conveniente que te autoasegures para evitar que te arrastre o te levante y te causes daño. Respeta dos premisas: el autoseguro tiene que estar tenso y colocado del lado contrario donde ocurrirá el tirón.
3.- No deseches la idea de utilizar guantes para evitar quemaduras durante el frenado si la cuerda se desliza.
4.- Aprende las maniobras de recuperación e izado del escalador cuando éste caiga en un desplome.
5.- El celular es un distractor mortal. Mantenlo alejado. No utilices audífonos ya que no te permitirán escuchar a tu asegurado.
6.- Hacer la “sopa” es una medida que te librará que la cuerda se atasque o se enrede.
7.- Acostumbra a poner un nudo al final de la cuerda ya que éste evitará que se te escape del aparato cuando no llegue el descuelgue al piso.
8.- Tu labor activa como asegurador empieza “espoteando” al escalador antes de colocar su primera protección.
9.- Mantener la comunicación es una regla de oro. Alértalo inmediatamente si efectuó una mala maniobra (sobre todo malos mosquetoneos). No lo sueltes hasta que estés completamente seguro de que se encuentra autoasegurado a la reunión o descuelgue.
10.- Jamás sueltes la mano de freno aunque utilices grigri.
Recuerda y grábatelo: las facetas de la escalada no solo son simplemente las de progresar hacia arriba, sí no también el saber elegir estrictamente a tú asegurador.
Fotos por: Raymundo Arciniega Dettmer
Escrito por: Raymundo Arciniega Dettmer
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