La gestión del rapel

Este artículo fue escrito por Raymundo Arciniega Dettmer, publicado por primera vez el lunes 27 de septiembre de 2010, 21:13, en la revista e-LTE.

“Se matan más alpinistas rapeleando que destrepando. Presta atención. No pienses que rapelear es una diversión de parque multiaventura”.
Mark F. Twight, en el libro Alpinismo Extremo.

Rapelear puede ser algo tan fácil que uno puede llegar a olvidarse de lo serio que puede ser en realidad. Constituye una actividad y maniobra indispensable en actividades de escalada en roca, alta montaña, espeleología, cañonismo y en algunas ocasiones y dependiendo el terreno donde nos desarrollemos en cualquier espacio natural donde excursionemos.

Es necesario aprender cuidadosamente la técnica desde el principio ya que no tendrá ningún problema poner tu descensor y deslizarte friccionándolo por la cuerda y controlando siempre la velocidad de descenso.

A veces, el hecho de rapelear constituirá la única posibilidad de bajar, así que se deberá hacerlo juiciosamente y minuciosamente en cada paso que se de, ya que podríamos desafortunadamente precipitarnos.

Se comprende este peligro si consideramos que mientras descendemos en rápel en cualquier situación, apoyando todo nuestro peso sobre la cuerda, nuestra vida dependerá absolutamente sobre el anclaje que sujeta a la cuerda y de que nosotros mismos empleemos la técnica correcta. Si falla el anclaje o fallamos nosotros, caeremos.

Puede decirse, sin lugar a dudas, que rapelear es la maniobra más peligrosa en las actividades de montaña porque se depende del anclaje al cien por ciento.

Así que esta sencillez de la maniobra y a pesar del peligro latente, es fácil volverse descuidado y puede llevarnos a utilizar técnicas erróneas y deficientes.

A veces, rapelear es la forma más rápida y segura de descender un tramo concreto, pero muchas veces no será así. Si se decide rapelear, hay que considerar el terreno, la hora, el tiempo atmosférico, la fuerza y experiencia del Grupo.

Si se decide rapelear, indudablemente, se tendrá que hacerlo con seguridad y eficiencia. Otro de los peligros ocultos del rápel es que puede hacer perder tiempo considerable si los participantes son inexpertos.

LA CADENA DE SEGURIDAD.

Un sistema de rápel tiene cuatro elementos básicos, que también se conoce como cadena de seguridad: el anclaje, la cuerda, el dispositivo que sirve para aplicar fricción a la cuerda y la persona que rapelea (en su dominio de la técnica correcta y el arnés que utiliza). Ten en cuenta y nunca olvides que cada uno de los elementos de esta cadena son igual de importantes. Si los cuatro no funcionan conjuntamente y de tal manera que uno este unido en forma segura al siguiente (por eso es una cadena), el sistema fallará, generalmente con desastrosas consecuencias.

Siempre es fundamental recordar los cuatro elementos o cadena de seguridad del rápel (incluso cuando estemos cansados, hambrientos, muertos de frío y tratando que no se nos haga de noche) y siempre comprobar doble vez que cada uno de los elementos de la cadena este en su sitio, funciona como debe y este conectado correctamente al resto del sistema o cadena de seguridad.

ELEMENTOS DE LA CADENA DE SEGURIDAD.

El elemento más importante de esta cadena de seguridad es el anclaje, o punto de la montaña, pared, cueva, cañón, árbol etc., al que van unirse los demás componentes del sistema. El anclaje debe ser meticulosamente seleccionado en función de su resistencia y fiabilidad, ya que una vez iniciado el rápel, la vida del escalador depende por completo del anclaje. Y podría ser problemático o incluso imposible retornar a corregir dicho anclaje para efectuar algún ajuste.

El segundo elemento del sistema de rápel es la cuerda. Ésta se pasa por el anclaje de modo que queda colgada por su punto central (lo que denominamos rápel en cuerda doble) y con las dos mitades desplegadas hacia abajo, y se puede recuperar desde abajo, tirando de uno de los extremos. El rápel denominado por cuerda sencilla o simple, es cuando anclamos uno de los cabos de la cuerda y nos deslizamos por ella, y no habrá manera de recuperarla. Generalmente, es muy específica la ocasión cuando se utiliza.

El tercer elemento es el medio por el que aplicamos fricción a la cuerda, y que al mismo tiempo constituye nuestro sólido vínculo de unión a esta. Cuando no existían los sistemas mecánicos modernos, era el mismo cuerpo quién fungía como friccionador y que solo en caso de emergencia se utilizaría.

El sistema mecánico de rapel, la cuerda discurre a través de un dispositivo de fricción llamado descensor, que va unido al arnés por medio de un mosquetón de seguro. La mano que frena sujeta la cuerda para controlar la cantidad de fricción. Es conveniente que se empleen guantes para impedir que la cuerda queme las manos y la soltemos.

El elemento más variable en el sistema de rápel es el propio escalador, y es donde se conjugan muy diversos factores –actitud personal, cansancio, nerviosismo, mal tiempo, oscuridad, nivel de entrenamiento, destreza…- que influyen sobre el proceso y su resultado.

Debemos de acostumbrarnos a considerar los cuatro elementos de la cadena del rápel como un sistema integrado en el que somos una parte crítica, por lo que el rápel se convertirá en algo más fácil de comprender y por tanto más seguro.

DISPOSITIVOS PARA RAPELEAR.

Siempre utilizaremos algún sistema mecánico como método principal para efectuar el rapel, y que en esencia todos operan bajo un mismo principio. Las dos cuerdas del rápel (o en sencillo si es una sola línea) pasarán a través de un aparato fijo al arnés y nosotros controlaremos la velocidad de descenso.

Los aparatos recomendables para efectuar esta práctica son: para rápel en doble el ocho, ATCs en todas sus variedades, piraña, reverso, y para cuerda simple la marimba, gri-gri, y stop.

Es conveniente aprender y dominar cada dispositivo y analizar sus ventajas e inconvenientes de cada uno.

CUIDADOS QUE SE OBSERVARÁN DURANTE EL RAPEL.

Hay que prestar especial atención durante nuestro descenso con el pelo, alguna prenda de nuestra ropa (playera, pantalón, etc.) dedos de la mano, alguna cinta suelta que cuelgue porque estas pueden llegar a introducirse a nuestro descensor.

La velocidad de descenso deberá ser constante y no ha saltos, ya que esto puede afectar la posición y desestabilizar el anclaje y también puede llegar a dañar nuestra cuerda al sobrecalentarla.

Por seguridad, se le hará un nudo al final de la cuerda para evitar seguir deslizándonos si no llegamos al suelo o al siguiente lugar de rapel.

TRUCOS CON ANCLAJES.

Sé creativo cuando buscas emplazamientos para anclajes. Utiliza lo más posible lo que el terreno te proporcione. Pon anillos de cinta en cuernos de roca, pásalos por piedras empotradas, encuentra una grieta que se estreche para que un fisurero empotre a la perfección.

Pero cuando la noche o una tormenta se viene encima, no escatimes nada. Mucha gente rapelea únicamente de las piezas más baratas, y a veces agradeceremos de tener la posibilidad de rapelear de un Camalot de 1,000 pesos. Haz lo que haga falta mientras, sea con seguridad y deprisa.

No asumas riesgos que pueden evitarse por ahorrarte unos cuantos varos.

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA:

“Montañismo: la libertad de las cimas”. Editorial Desnivel. 1998. Madrid.
“Alpinismo Extremo”. Mark F. Twight. Editorial Desnivel. 2000. Madrid *.
“Material para Roca y Hielo”. Clyde Soles. Editorial Desnivel. 2001. Madrid.
“Cómo escalar vías de varios largos”. Ignacio Luján y Tino Núñez. Editorial Desnivel. 1997. Madrid.
“Del Rocódromo a la Roca”. Peter Lewis. Editorial Desnivel. 2002. Madrid.

Escrito por: Raymundo Arciniega Dettmer

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