El Punto Verde
Cualquier tipo de escalada no es simplemente ese cualquier conjunto de movimientos, si no él como trasciende y toca en nuestras vidas.
Cuando no entendemos o no nos gusta algo simplemente lo criticamos, lo juzgamos o lo tachamos de locura. La charla en ese pequeño pero acogedor café de La Condesa había subido de tono en cuanto les lance sin preámbulos a los ahí reunidos la pregunta: ¿Qué opinan del Punto Verde?
Era una de esas raras tardes lluviosas de mayo, donde cada último viernes de mes aprovechamos la tarde para “cotorrear” saliendo a relucir los siempre invariables temas de montaña.
Somos ocho nostálgicos personajes (algunos muy extravagantes debo de reconocerlo) que en un lejano pasado en muchos lugares y momentos escurrimos nuestros sueños y anhelos con diversas actividades en diferentes cordilleras del mundo. Por supuesto que no éramos montañistas o escaladores excepcionales, ni teníamos en nuestro currículum realizaciones extremas, pero eso sí, la pasión hasta la médula por nuestro deporte, siempre ha estado presente hasta el día de hoy y eso es lo que nos une en éste preciso lugar.
Prácticamente, todos estamos inactivos desde hace ya bastante tiempo en el medio, sin embargo, mí puesto de entrenador de Montañismo en la Universidad Anáhuac desde hace 22 años y estar en ese lapso largo de tiempo a cargo directamente de diversos muros de escalada, me ha dado la oportunidad de ver de cerca el desarrollo meteórico y sorprendente a través de todos estos años de la escalada, y él de poder observar el paso de generación tras generación de escaladores que se han ido formado.
Después de haber digerido esa pregunta alguno de ellos me señalo inmediatamente si venía borracho o marihuano dándome palmaditas en la espalda, otro se empezó a mofar de la idea, y otro lo desdeño tal cuál como de alguna nueva “modita” inventada en la escalada, a alguno más se le amargo su delicioso cafecito solo de escucharla.
Ésta pregunta había surgido con la frescura de sus escasos 20 años de uno de mis alumnos que había ido a conocer algunas zonas de escalada de España, cuestionándome si en México se estaba practicando el “Punto Verde”, porqué en Europa ya se estaba poniendo en práctica y ya tenía algunos adeptos y él quería hacerlo como debía de ser ya que para él era una idea atrayente y emocionante.
Todo esto me cayó por sorpresa despertando enormemente mí curiosidad ya que sinceramente lo desconocía, por lo que cada vez que frecuentaba algún lugar de escalada y veía algún buen y viejo conocido aprovechaba y les preguntaba abiertamente sí sabían algo acerca de ese famoso “Punto Verde”.
Muchos no tenían ni idea y ponían cara de asombro y extrañeza como si de una buena broma se tratase, otros, moviendo la cabeza en franca desaprobación respondían que “eso” en México no iba a prosperar por la mentalidad tan enraizada de la mayoría de los actuales escaladores deportivos.
Sin lugar a dudas, el camino de la evolución de la escalada siempre ha estado salpicado de polémica, con sus diferentes tipos y modas que a lo largo de su historia han surgido correspondiendo cada uno al espíritu y a la mentalidad de la época. Hoy, tanto las técnicas como las innovaciones en el desarrollo del equipo están suficientemente avanzadas para enfrentarse a resolver cualquier problema, así que ya no existe ningún freno de ningún tipo para limitar cualquier forma de escalada.
Mis inicios en el montañismo hace más de treinta años me hizo pertenecer a la generación del “Punto Rojo” que había instaurado el escalador alemán Kurt Albert (1954-2010) llamado así por pintar en las bases de las rutas que había liberado totalmente en libre un punto rojo, y ésta tendencia evolucionó hasta lo que hoy conocemos como “Rotpunkt”, es decir “Punto Rojo”. Lo importante de éste movimiento era realizar las vías sin utilizar ningún tipo de ayuda para progresar.
Ninguno de los que pertenecemos a ésta “vieja” generación aprendió a escalar en el rocódromo porqué en esa época simplemente no existían. La escalada se aprendía directamente en la roca y fue lo mejor ya que nos introducía directamente en el mundo real de las paredes sin una peligrosa transición del gimnasio a la pared donde aparentemente hoy te hace creer y percibir que no existe ningún riesgo en el terreno natural.
La escalada tradicional en México estaba en su auge inspirada en la influyente y resplandeciente edad de oro de Yosemite, y por esos tiempos la conformaban una comunidad conservadora y radical que se oponía encarnizadamente a la creación de vías deportivas protegidas con plaquetas, ya que consideraban que esto era un sacrilegio y una ofensa a la ética de la escalada “limpia”.
En ese entonces, las preguntas flotaban en el ambiente y algunos ejemplos de ellas eran ¿Qué es en realidad más difícil una vía desequipada o una equipada? ¿Será lo mismo sacar simplemente una anilla del arnés y proteger, o sacar un camalot o estopper y colocarlo correctamente? ¿Las plaquetas descartarán el compromiso y la incertidumbre? ¿Cuál de ellas reserva más aventura? ¿Será una más inteligente que la otra? ¿Deben de graduarse éstas dos bajo una misma escala?
Sin embargo, y a través de los años poco a poco la escalada tradicional fue perdiendo su influencia dando lugar inevitablemente y pese a todo a la escalada deportiva, la cual hoy simboliza toda una nueva generación de escaladores. La escalada deportiva definitivamente se había impuesto sobre todas las demás y la colocación de plaquetas propició el progreso hacia todos sentidos inusitadamente del mundo de la escalada.
En sus inicios de esta nueva modalidad las paredes se llenaron de numerosos escaladores con una vestimenta hoy considerada digamos “estrafalaria y ridícula” de mallas fosforescentes o estampadas con diseños inverosímiles de rayas de cebras, de tigre o de puntos como si de un dálmata se tratase. La risa aflora al recordar esos momentos en las fotos apareciendo con esas pegadas licras.
Hoy por hoy numerosas competencias y campeonatos en rocódromos planeados a lo largo del año, decenas y decenas de vías “protegidas” con plaquetas han sido abiertas en todas las escuelas de escalada por todo México y le han dado vida y lógica definitivamente a éste estilo prevaleciendo abrumadoramente sobre todas las demás.
A raíz de las plaquetas surge una variación llamado “Punto Rosa” donde la vía es escalada con las cintas previamente colocadas, buscando con ello “encadenar” rápidamente la secuencia de movimientos continuos y no perder tiempo en sacar la anilla y “gastar” esos movimientos con pérdida de energía.
La vía en ese estilo prácticamente conserva el mismo grado de dificultad, sin embargo, se tiene que especificar claramente si la escalada se realizó en “Punto Rojo” o en “Punto Rosa”.
El “Punto Verde” surge como una necesidad y una lógica de estilo ante ese “divorcio” tajante entre la escalada deportiva con la tradicional para volverse nuevamente a unir y convivir sanamente una con otra.
Es decir, el “Punto Verde” es una combinación perfecta ya que es realizar cualquier vía de deportiva pero colocando durante su escalada los anclajes utilizados en la tradicional tales como estopers, camalots además de la posibilidad de anillar árboles o bloques de roca, y lo único que se permite es utilizar las placas existentes SOLO para rapelear o para montar la reunión.
Debe de considerarse como una limitante a éste estilo ya que solamente en algunas vías de deportiva su morfología natural como diedros, fisuras, bloques, etc., permitirán instalar éste tipo de protecciones “flotantes”, y no en todas desafortunadamente se podría realizar.
La visión sobre la misma vía será diametralmente diferente ya que mientras que la ruta se haga en escalada deportiva protegiendo exclusivamente en cada plaqueta, el escalador deportivo solo pensará en su siguiente movimiento, en cambio en él estilo “Punto Verde” el escalador tendrá que ir tomando decisiones en colocar sus propios anclajes según como se haga necesario, además de la manera de como instalarlos y de la distancia que se podría dejar entre ellos.
Desde esta perspectiva, las claves para resolver la vía en “Punto Verde” serán la experiencia y la confianza en uno mismo, además de ser psicológicamente más exigentes.
Paradójicamente, la gran mayoría de escaladores de deportiva rehúyen y desdeñan a la “fisura” como ellos llaman a la escalada tradicional, y es realmente inverosímil que desconozcan como colocar correctamente un fisurero o camalot, ó hacer una reunión ecualizada mediante anclajes “flotantes” a pesar de que su nivel de escalada sea muy alto.
Una de las cuestiones que bajo ninguna circunstancia fomenta el “Punto Verde” es el realizar vías de deportiva sin ninguna protección (sería una locura espantosa si alguien lo interpretase de esa manera) y lo único que pretende es que si una vía se puede hacer en estilo tradicional la gente lo intente de esa manera, asimismo, tampoco se trata de incrementar sustancialmente el nivel de exposición o de riesgo ya que también esto sería una tontería.
En Europa esta modalidad del “Punto Verde” también ha recibido el nombre de escalada “Ecológica” debido a que si algunas rutas son abiertas desde un principio de ésta manera, la roca sufriría menos daño ante la ausencia de los muchos “agujeros” que deja la instalación de cada plaqueta.
Por otro lado, también se le denomina a este “Punto Verde” como “Plaqueta Negra” ya que la primera plaqueta es pintada de color negro para hacer del conocimiento a los escaladores que esa vía se puede lograr exclusivamente con seguros “lógicos” y “flotantes”.
Sin lugar a dudas, en ningún tipo ni estilo de escalada existe la verdad absoluta. Es la experiencia y la vivencia lo que se busca, logrando encontrar las respuestas claras a cada una de nuestras preguntas obscuras y la escalada como tal nos obligará a ir cada vez más lejos, más altos y buscando lo más difícil, despertando la capacidad de soñar, extrayendo ese gran cúmulo de insólitas sensaciones al tocar cualquier tipo de roca.
El “Punto Verde” simplemente tarde o temprano se convertirá en una opción más de las muchas posibilidades existentes…



Fotos por: Raymundo Arciniega Dettmer
Este artículo fue escrito por Raymundo Arciniega Dettmer, fue publicado por primera vez el juves 3 de julio de 2012, 11:49, en la revista e-LTE.
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