En las Entrañas de Quetzalcóatl
Este artículo fue escrito por Raymundo Arciniega Dettmer, publicado por primera vez el viernes 16 de abril de 2012, 17:31, en la revista e-LTE.
Ríos y ríos de gente invaden Tepoztlán durante ésta Semana Santa atestando sus angostas y tranquilas calles para turistear. Una ínfima cantidad de ellos dirigirá sus pasos a buscar la soledad de los grandes espacios en la naturaleza que se encuentran desconocidos, a muy pocos minutos de éste caos de personas y de tráfico.
Una red de diversos, laberínticos y espectaculares cañones de diferente longitud y dificultad serpentean desde las altas y accidentadas paredes típicas del paisaje Tepozteco hasta sus más bajas estribaciones.
Muy poco tiempo ha pasado desde mi primer recorrido realizado por uno de estos cañones el cuál ejerció una fascinación por conocer cada uno de ellos, así que ésta invitación para aprovechar los días de asueto para disfrutar al máximo de los placeres de la vida bajo ninguna circunstancia la hubiese rechazado.
Mi estimado amigo Daniel Gante de e-LTE Tu camino a la Aventura me ofreció conocer la nueva tienda recién abierta en Tepoztlán y además un espléndido recorrido por el “Cañón de Quetzalcóatl”.
Fue la curiosidad y el deseo de vivir un día intensamente lo que me animó aceptar sin chistar. “Donde tú me digas le atoro” fueron mis impacientes palabras ya que sabía que resultaba tentador y prometía un sinfín de aventura.
Hace 6 años salí milagrosamente con mi pie completo del quirófano después de una complicada operación de tobillo donde se esperaba lo peor, y con una dolorosa y extenuante rehabilitación de un año quede con algunas limitaciones, pero afortunadamente puedo hacer algunas caminatas y efectuar maniobras sencillas y hasta hoy no me he declarado por vencido de dejar esto, mi mente siempre se halla inundada de pensamientos y emociones que agitan en mi interior los recuerdos de montañas, paredes de roca, cavernas y todo tipo de paisajes alguna vez recorridos.
Soy muy afortunado por esto, así que debo de andar con cuidado y pensar bien donde me meto para evitarme cualquier contratiempo conmigo y con quién me acompaña.
Muy de mañana salimos con rumbo al pueblo mágico de Amatlán situado a unos 20 minutos de “Tepoz” quedando totalmente sorprendidos por la gran calma y silencio que reina a nuestro alrededor, en comparación del bullicioso ambiente de la noche anterior que prácticamente no nos dejó pegar ojo.
El cielo estaba completamente despejado y la aproximación por la vereda al cañón desde el “Paraje Machinco” fue una delicia y un suave viento cálido muy agradable nos acompaña. La roca totalmente negra presenta multitud de formas indefinibles y caprichosas. Aunque el cañón luce seco por la temporada, los restos de ramas a los lados indican su gran fuerza cuando éste se cubre totalmente de agua.
Poco a poco nos adentramos en sus entrañas y llegamos a su primer descenso de unos 8 metros. Aquí apareció mi primera preocupación (tradúzcase: miedo) ya que mi “flamante” descensor en él que confiaba ciegamente corría muy rápidamente y estaba seguro que iba a efectuar la bajada sin control. A pesar de llevar guantes no me sentí a gusto y baje muy inseguro.
Mi esposa Alejandra por el contrario, bajó disfrutándolo y esto me alegró ya que hace quince años y al nacer nuestra primera hija se “retiró” completamente de las actividades de montaña y hasta hoy vuelve a tomar nuevamente un “ocho”, sintiéndose como si apenas ayer lo hubiese dejado.
Para no descender directamente a una poza estancada, Daniel idea un desvío de unos 6 metros logrando finalmente evitarla, a partir de aquí el recorrido del cañón se angosta haciéndolo muy interesante y atractivo totalmente sobre roca.
El siguiente rapel está fraccionado para evitar que el cable roce y se efectúan tres de ellos más en ésta forma. En uno de éstos muchas abejas se encuentran apaciblemente tomando agua en una poza y pasamos muy cerca sin siquiera molestarlas, sin embargo, su zumbido no deja de ser perturbador.
El último descenso sí que me impresiona, y nuevamente es fraccionado. Es el más grande de todos como debe de ser éste extraordinario final. Unos veinte metros totalmente volados saltan bruscamente sobre el borde y caen en dirección sobre una gran poza. Me imagino lo grandioso que es estar aquí cuando la cascada lleva agua y cae en toda su magnitud.
El lugar es incomodísimo. Mi rígido pie no me permite estar parado y parezco un saco de papas colgado de las dos plaquetas a mi autoseguro mientras me conecto con muchos trabajos al descensor.
Me raspo dolorosamente ambas rodillas pero en realidad no me importa la estética en salir de éste rapel en esa grotesca posición. Agradezco a Daniel su paciencia, sus ánimos y sus cuidados. Sin ellos no lo hubiese disfrutado y ni tampoco me hubiese adentrado sinceramente hasta aquí. Con él, la confianza y la seguridad como guía es total.
Según se cuenta, fue por estos lugares donde hace unos 3,000 años nació Quetzalcóatl, así que por doquier se oyen tambores y se pueden observar personas dedicándole algún tipo de culto. Es por ello que este lugar se considera sagrado y magnético desde ese punto de vista.
Pero para mí, esta franja de topografía me había brindado una experiencia intensa, de desafío y de logro a mi nivel, en donde las perspectivas de mis posibilidades se ven altamente alentadoras y satisfechas. En ningún momento éste recorrido en las “Entrañas de Quetzalcóatl” me había defraudado.
La atestada calle principal de “Tepoz” en ese “Viernes Santo” hace difícil creer que acabo de regresar de uno de los muchos cañones que existen muy cerca de allí y que ofrecen una riqueza salvaje que no tiene comparación. No tienen ni idea que eso existe. Quizás sea muy egoísta de mi parte el pensar que así está mejor…
Fotos por: Raymundo Arciniega Dettmer
Escrito por: Raymundo Arciniega Dettmer
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