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El Cotopaxi: En el Cuello de la Luna

Este artículo fue escrito por Raymundo Arciniega Dettmer, publicado por primera vez el jueves 02 de junio de 2011, 11:32, en la revista e-LTE.

Ecuador es un atractivo país salpicado de magníficas montañas que rebasan los cinco mil metros. Y por supuesto, uno de las mas emblemáticas y famosas es el Cotopaxi, montaña resplandeciente que se ubica en la Cordillera Real.

Ecuador es un colorido mosaico contrastante de paisajes, con escarpadas montañas cubiertas de nieve, extensos y verdes páramos y su esmeralda grandiosidad de su porción selvática de la Amazonía.

El Hostal “Caminos del Sol” en Quito, el cual ha sido por siempre elegido para la base de nuestras operaciones, nos recibió como siempre amigablemente. Este lugar es atendido personalmente por nuestra extraordinaria amiga Luisa Gallardo, una experimentada guía de montaña, que su especialidad es revelarnos todos los secretos para que la logística de montaña nos sea agradable, fácil, práctica y económica.

El bellísimo Cotopaxi es un gigante cono perfecto, que domina la vista desde Quito, y su altura cercana a los casi 6 mil metros, lo convierte en uno de los volcanes activos más altos del mundo.

A 40 kilómetros de Quito se halla situada la próspera ciudad de Machachi, lugar donde se ubica la planta embotelladora de agua de deshielo del Cotopaxi para su venta, aquí realizamos las últimas compras y contratamos una camioneta que nos llevará muy cerca del Refugio José Ribas situado a 4,800 metros de altitud.

Eso sí, para ingresar al Parque Nacional Cotopaxi, como extranjeros hay que pagar una suma de diez dólares, que nos duele como siempre para nuestros raquíticos presupuestos.

Prácticamente, la época de ascensión al Cotopaxi se efectúa durante todo el año, por lo que el Refugio a pesar de contar con 70 plazas siempre luce a reventar y hay que hacer turnos en la cocina para prepararnos la cena.

Este Refugio, indudablemente se encuentra en un lugar estratégicamente protegido, sin embargo, fue testigo de una tragedia durante la Semana Santa de abril de 1996, donde muchos turistas se encontraban visitándolo, algunos afuera de él tomando el sol, y otros caminando en sus alrededores, cuando intempestivamente una avalancha de nieve sepulto irremediablemente a seis personas.

El trajín para nuestra ascensión da comienzo a las 12 de la noche, y a pesar de los inconvenientes de la hora, la cocina nuevamente se encuentra atiborrada y es un triunfo salir con los termos llenos de agua caliente para tomar un cafecito previo.

La vía empieza sobre veredas muy marcadas sobre la arena, y podemos observar grupos de lámparas frontales más arriba, pero nunca tenemos contacto con ninguno de ellos, lo cual hace que vayamos a nuestro paso.

Un poco somnolientos en la entrada del glaciar, nos equipamos adecuadamente con todo lo necesario para solventar cualquier eventualidad, ya que éste esta plagado de grietas, algunas enormes que se observan a simple vista y otras traicioneramente ocultas.

La llegada de la luz muy cerca de la negra Pared de Yanasacha, que es donde toma su nombre el Cotopaxi del “Cuello de la Luna”, hace que apuremos el paso, ya que se ve desde aquí que puede desprenderse algo, y las rocas y los pedazos de hielo que se hallan en su pie no son realmente de escenografía.

Ya en un lugar seguro y resguardándonos del viento que nos ha venido acompañando durante todo el ascenso, aprovechamos para comer y beber algo, ya que viene una larga rampa de nieve que luce un poco inclinada.

La vista conforme nos acercamos al borde del cráter resulta nítida y radiante, con los Illinizas, el Chimborazo y el Tungurahua sirviendo de grandioso fondo.

El doble cráter nos indica que estamos en su punto más alto a 5,897 metros de altitud. Me encanta estar aquí, ya que siempre me acompañan nuevas personas, y me llena ver sus brillantes ojos, su sonrisa y su satisfacción por haberlo conseguido.

Solo permanecemos unos veinte minutos en la cima, porque hay que apurar el descenso, ya que no queremos vernos envueltos en la niebla y ni hundirnos en la fangosa nieve de mediodía típica de estas latitudes.

La camioneta nos espera para retornar nuevamente a Machachi, y agradecemos infinitamente al Cotopaxi que nos haya permitido conocer por esta vez sus secretos….

Fotos por: Raymundo Arciniega Dettmer
Escrito por: Raymundo Arciniega Dettmer

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El contenido y las ideas expresadas en este e artículo son responsabilidad de quien las escribe y no reflejan forzosamente ni la opinión, ni la postura de la revista e-LTE, Tu Camino a la Aventura.

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