El dragón, Broad Peak
Este artículo fue escrito por Raymundo Arciniega Dettmer, publicado por primera vez el miércoles 28 de julio de 2010, 14:54, en la revista e-LTE.
El dragón que se esfumo con las horas: el Falchan Kangri …
Créanme que todo ha cambiado. Hace veinte años las cosas eran muy pero muy diferentes. Aunque en esa época no éramos los primeros, sí nos podíamos contar con los dedos de las manos a los mexicanos que habían intentado un ochomil. Aquellos gloriosos días si que eran tiempos difíciles, ya que había que gestionar directamente ante la embajada de Pakistán con un largo año de antelación el permiso para ascender alguna montaña de ochomil metros ubicada en la cordillera del Karakorum, y además, no había la seguridad de obtenerlo.
Esto hacía que los posibles patrocinadores nos vieran recelosos y desconfiados cuando les tratábamos de convencer que apoyaran nuestro proyecto al no garantizarles con seguridad que realmente nos lo otorgarían. Era muy grande la incertidumbre. Nos habíamos juntado diez personas para pagarlo por medio de una coperacha de 250 dólares que había salido de los bolsillos de cada uno y finalmente lo depositamos.
El permiso para un ochomil costaba por esos tiempos 2,500 dólares y el gobierno paquistaní nos lo asignaría de tres opciones, por lo que escogimos como primera el Broad Peak de 8,047, como segunda el Gasherbrum II de 8,035 y en tercera el Gasherbrum I (Hidden Peak) de 8,068.
Pensábamos ilusamente que intentando un ochomil “bajito” tendríamos mayores posibilidades de encumbrarlo. Pero un ochomil es un ochomil y todos son muy altos. Son las grandes ligas de las montañas.
Afortunadamente, y debido a la dura insistencia ante el Embajador Manzoor, a los 6 meses antes de partir teníamos en las manos el permiso para el Broad Peak. Ahora venía lo más duro, que era conseguir el financiamiento.
Hoy, esto de conseguir los permisos es mucho más sencillo y quedará como anécdota de los tiempos antiguos, pues basta simplemente prender una computadora, conectarse a internet y en el buscador escribir la montaña elegida y ya estuvo con eso. Aparecerán decenas de agencias que te llevan hasta la misma cima, no importando si es un 5, un 6, un 7 o un ocho mil. ¿Cuál se te antoja? ¿Con que servicios la quieres? ¿Todo incluido? Es como leer el menú de un extravagante y carísimo restaurante. Lo que tu desees lo va a determinar exclusivamente tu bolsillo y solo harán falta unos cuantos mails y estarás enrolado. Así de simple.
Pero para nosotros lo más importante es que éramos un extraordinario grupo de amigos que estábamos dispuestos y comprometidos unos con otros. Confiábamos hasta la médula ya que nos unía una estrecha amistad de años. Estábamos convencidos que las montañas se disfrutan realmente y mucho más cuando compartimos las vivencias con los verdaderos amigos.
Hoy, te enrolas en una expedición comercial sin conocerse unos con otros y cuando se tuercen las cosas es muy probable que a cada uno no le importaras nada. Cada “cliente” pago una fortuna y a toda costa tratará de llegar a la cima, no importando quién se quede en el camino. Es una inversión y tiene que producir ganancias.
Para minimizar los costos había que planear hasta el mínimo detalle de la alimentación, el equipo, y la logística como cuantos porteadores íbamos a contratar, en que hoteles estaríamos, y un largo etcétera por lo que nos reuníamos hasta muy altas horas de la noche por lo menos 2 veces por semana para que no se nos escapara nada.
Y llego el ansiado día. Ese 2 de julio de 1991 será inolvidable. Muchísima gente en el aeropuerto, entre familiares y amigos todos nos ayudaban a mover los 45 tambos con casi dos toneladas para pasarlos por el mostrador. El vuelo iba ser larguísimo: Houston-Londres-Manchester- Islamabad. Cuando finalmente nos sentamos en el avión respiramos aliviados.
Hasta aquí, me había dejado un aprendizaje invaluable y extraordinario: el que nada ni nadie nos pudo quebrar este sueño. Convertirlo en realidad si que había sido duro. Porque como siempre nunca faltaron aquellos que predicaban que no íbamos aportar nada a nuestro deporte, que a que íbamos por la ruta “normal” que se había hecho desde 1957 y un largo etcétera de necedades. No nos quedaba más que reírnos con sorna de todo ello y levantarles el dedo medio.
Esos ingleses no se miden y pasamos un sustote en el Aeropuerto de Londres, ya que según la línea aérea British Airways teníamos que pagar un exceso de equipaje que se tasaba en ¡2, 500 dólares! Y es necesario otra coperacha imprevista de cada uno de 150 dólares. Afortunadamente, nos lo dejan en “solo” 1,500 dólares y podemos abordar de nuevo el avión con todas nuestras cositas.
Después de varios días de burocráticos trámites ante el Ministerio de Turismo en Islamabad la capital de Paquistán, y cuando iniciamos nuestro viaje por la Karakorum Highway de 600 kilómetros que durará dos días hacia la ciudad de Skardu en un estrafalario transporte lleno de adornos, con estridentes claxons y con el radio a todo volumen sabíamos que venía otra etapa más difícil.
Skardu, la capital de Baltistán era el último punto digámosle “civilizado” y nos hospedamos en el famosísimo Hotel K2 en el que todavía encontramos por todos lados vestigios de posters y postales de expediciones que según para nosotros habían marcados los hitos en el Karakorum: la ascensión de Messner al K2 y al Nanga Parbat, la repetición del Broad Peak de 84 de Kurt Diemberger junto con Julie Tulllis así como su supervivencia del mismo Kurt en la tragedia del K2 del 86, la travesía del Broad Peak de Kukuczka y Kurtyca de 84, la culminación de la “Línea Mágica” del K2 otra vez por Kukuczka y Piotrowsky En fin, eran posters y posters de expediciones de todo el mundo. Hasta los cigarros más famosos aquí son de la marca K2 (aunque dicen que no muy buenos).
Era un trajín desgastante acomodar cada carga con el peso exacto de 20 kilos que se le iba asignar a cada porteador e inventariar meticulosamente su contenido. Ahora, reunidos en el extenso jardín del Hotel están los porteadores que lo han llenado para ofrecerse a trabajar con nuestra expedición.
Cada uno traía sus cartas de recomendación que constataban que habían servido a diferentes expediciones. Alcanzamos a constar que alguno de ellos traía una firma de ¡Chris Bonington!. Pero para nosotros la selección fue muy sencilla y democrática: un de tin marin de do pingüe y ese era el elegido. Fácil, rápido y sin complicarnos la existencia. Con ese método seleccionamos a 156 de ellos.
De Skardu hay que necesariamente viajar en jeeps por lo accidentado del terreno entre caudalosos ríos y enormes precipicios. En un lugar conocido como Apaligun que es donde termina la “carretera” nos esperan los porteadores que nos acompañaran por 12 días hasta el campamento base del Broad. (Hoy, se ha reducido a tan solo 6 días por la ampliación de esta carretera hasta Askole).
Otro día de agotador trajín ya que aquí se distribuyen los costales y tambos que cargará cada porteador. Es necesario apuntar su nombre, de que pueblo es, así como asignarle un número que sea visible para su pronta localización en la lista que hemos elaborado y llevar un estricto control. Ha sido un caos tremendo.
En un día lluvioso iniciamos por fin la larga marcha de acercamiento. Es el 12 de julio.
El oficial de enlace que nos destino el gobierno paquistaní es un militar de alto rango con cargo de mayor, y cree que esto es una misión militar y él encabeza la marcha, impidiendo que nadie lo rebase por lo que se obstaculiza y alenta el ritmo de todos los porteadores. Nosotros no le hacemos caso y sin inmutarnos lo adelantamos sin hacer caso de sus órdenes.
Ese día llega tambaleándose y sin fuerzas, casi muerto, llego al lugar de acampada y eso bastó para que no lo volviera hacer. Eso hizo que lo empezáramos a botanear sin misericordia e implacablemente. Si se lleva que aguante la vara.
Conforme avanzan los días y al adentrarnos al majestuoso Glaciar del Baltoro las montañas resaltan espectaculares y maravillosas: el Paiju Peak, las Catedrales del Thumu, El Masherbrum, las Torres del Trango, la Torre Mustag y el Gasherbrum IV, todas ellas son una grandiosidad de roca y nieve que se encuentran a los lados de esta especie de “avenida principal”.
La llegada al Campamento Base a 4,900 metros de altitud también resulta caótica. En una fila entregan su carga los porteadores y en otra reciben su paga, en cuanto se hace esto emprenden el regreso inmediatamente para volverse alquilar lo más pronto posible en una nueva expedición. Si que es dura su vida. Nosotros nos encargamos de acomodar las cargas lo más ordenadamente posible y levantamos primero, las enormes tiendas que servirán de bodega, la del comedor y la de la cocina. Después, la de cada uno de nosotros.
Ahí esta por fin frente a nosotros el majestuoso y magnífico Broad Peak, el K3, emergiendo como un fantástico y gigantesco dragón que en su espalda tiene tres jorobas: la mayor de 8,047, la central de 8,000 y la menor de 7,862 metros. Luce como una montaña majestuosa con poderosas rampas de nieve, amenazadoras cornisas y seracs a punto de derrumbarse. Es toda impresionante y hermosa que nos corta el aliento. Sabíamos que aquí podíamos perder o ganarlo todo.
Estábamos afortunadamente solos, rodeados únicamente de montañas y nos sentíamos privilegiados. La expedición japonesa que encumbró a 5 personas el 12 de julio y la colombiana-española que había ascendido a 4 personas el día 30 de julio se habían marchado unos cuantos días antes.
En aquellos tiempos la masificación no había llegado a estas montañas y era exclusivamente para nosotros este ochomil. Nadie nos ayudaría ni dependeríamos más que de nosotros mismos. Esto de verdad que era un estupendo reto que nos motivaba y estimulada enormemente. Reinaba un gran ambiente muy relajado entre nosotros.
Para aclimatar, realizamos una caminata al Campamento Base del K2 en donde se encontraba la crema y nata del himalayismo de élite. Los franceses Pierre Beghin y Chistophe Profit intentaban una nueva ruta en la dificilísima pared noroccidental, Rob Hall y Gary Ball intentando la vía de los Abruzzos, y del lado chino, los italianos con Fabio Agostini en el todavía inescalado espolón norte.
Para llegar hasta la base del Broad hay que caminar unos 3 kilómetros sobre un laberíntico caos de penitentes gigantes que parecen Ku Klux Kan, y en estas idas y venidas uno de nosotros desapareció en una grieta. Aliviados al ver que todo esta bien, le sugerimos que no venga de tan lejos a jugar a las escondidillas.
Al empezar a armar la montaña nos hemos quedado petrificados e impactados al descubrir un cuerpo que probablemente lo había arrojado un descomunal alud hasta el comienzo de la vía, la cual había ocurrido hace dos días desde el glaciar superior. Sus botas plásticas de color blanco probablemente nos indican de la tragedia que acompaño a los polacos en su fatídica ascensión en 1975 de la cumbre central. No lo sabremos. Es sobrecogedor y en silencio lo cubrimos de rocas para darle una especie de sepultura. Este hecho nos ha dejado muy shockeados, pero nos ha servido para recordar que nunca hay que perder el respeto ni menospreciar a las montañas.
Las dos tiendas del Campamento I las instalamos a 5,700 metros exactamente en el único lugar donde es posible, con una ubicación muy aérea sobre unos resaltes rocosos, situándolas sobre una cresta que creemos las mantendrá a resguardo de los posibles aludes y aseguradas con cables para que no las vuele el viento.
El Campamento II es un balcón sublime a 6,400 metros. Se levantan en la lejanía oleadas de montañas entre 6 y 7 mil metros. Luciendo remotas e inaccesibles y desfavorecidas únicamente por la presencia de las alturas de los ochomiles. El Ángelus de 6,855 mts, el Pico Cristal de 6,237, el Summa-ri de 7,262, el Khal-Khal de 7,103, etc., etc., etc. Habíamos antes ni siquiera imaginado que existían. Algún día, seguro serán atrayentes para muchos y encaminaran sus pasos hacia ellas y verdaderamente se convertirán en un enorme desafío.
Con todo a cuestas, cargados como tortugas levantamos el Campamento III a 7,200 metros. Desde aquí nuestra idea es que será factible darle un intento rápido. El palear para darle forma a las plataformas de las tiendas nos arrebata el aliento. Pero esta vez no será la buena y tenemos que huir hacia el Campamento Base por la llegada de una gran tormenta que se desata esa misma noche. Descendemos inmersos entre torbellinos de nieve y viento, desenterrando los sepultados cables fijos y rugiendo avalanchas por todos lados. Habíamos quemado nuestro primer cartucho. Iba a ser una soberana paliza regresar de nuevo hasta acá.
El 26 de agosto dejamos nuevamente el Campamento II a las 3 de la mañana, el amanecer es magnánimo como debe de ser en estas montañas del Karakorum con todas las tonalidades de azul y violeta que se puedan imaginar. Llevamos apenas lo necesario al Campamento III. Pensamos llegar a mediodía y si todo esta bien esa misma noche dar otro intento.
Será la última oportunidad ya que en tres días los porteadores vendrán por nosotros y emprenderemos el regreso.
El despertador ha sonado y la hora ha llegado. Son las 11 de la noche y nos empezamos a equipar a la luz de las frontales. El tiempo es magnífico y yo la verdad me encuentro algo nervioso, sintiendo fuertemente el tam tam de mis latidos. Empezamos la ascensión a las 12 de la noche por este inmenso glaciar superior.
Al empezar la pendiente inmediatamente nos hundimos hasta las rodillas y a veces hasta la cadera. Se abría una especie de trinchera que cada uno de nosotros abría unos 4 , 5 pasos y venía el siguiente. Yo no soy creyente pero me imagino que así se ha de sufrir en el mismo infierno.
El frío de la noche nos muerde los dedos de las manos y de los pies. La altitud nos hace jadear y poco a poco se cuela en nuestras cabezas. Me tomo de un jalón cuatro aspirinas pero mi revuelto estómago inmediatamente las regresa. No estamos avanzando nada. A cada rato miro mi altímetro de pulsera y los números no avanzan.
Ya amaneció y aparece lejanísimo el collado que une las cumbres negras del Broad Central y la Principal a donde queremos ir. No me imagino como pasaron por aquí Bhul y Diemberger tan tranquilamente en 1957. Ahora, el viento empieza a azotar la pendiente sin piedad y nos embiste implacablemente..
Ya no podemos avanzar nada. ¿Pero a donde se ha ido mi “notable” condición física? ¿Pero a donde se han ido las horas? La decisión de bajarse llega sin decir palabra. No me había preparado para arriesgar mi suerte. Pienso en Alejandra a la que no puedo castigar con tanta insensatez si sigo. ¿Hemos tomado la decisión correcta? Siento algo de remordimiento.
Nos damos la vuelta a 7,700 metros pero también el descenso se hace a paso de tortuga. Casi cuando la luz se ha ido y la noche cae sobre nosotros divisamos la tienda salvadora. Esta toda llena de nieve y las colchonetas se han volado. Pero afortunadamente los sacos siguen ahí. Parece que han pasado muchos años desde que salimos de aquí.
Al siguiente día tenemos que abandonar todo. Había mucho material desperdigado por todos lados. Para nosotros nada de esto tenía algún valor. Solo nos importaba algo: la vida.
Había aprendido que la verdadera regla de este juego a la vez hermoso y terrible, era que las montañas son maravillosas, pero la neta, no vale la pena morir por ellas….
Fotos por: raymundo arciniega dettmer
Si deseas escribir a Raymundo Arciniega Dettmer por favor envía un correo a info@e-LTE.com.mx , que nosotros le haremos llegar tu mensaje.
El contenido y las ideas expresadas en este e artículo son responsabilidad de quien las escribe y no reflejan forzosamente ni la opinión, ni la postura de la revista e-LTE, Tu Camino a la Aventura.
