Las buenas maneras, la maniobra olvidada de la escalada
Este artículo fue escrito por Raymundo Arciniega Dettmer, publicado por primera vez el miércoles 14 de marzo de 2012, 19:54, en la revista e-LTE.
La proliferación de rutas “pegadas” unas con otras, puede provocar algunos accidentes involuntarios. Una distancia prudente entre un escalador y otro, asegurará que no caerán encima, haciendo la escalada más segura.
El destino nos alcanzó vertiginosamente y jamás paso por mi cabeza que algún día fuese necesario crear una especie de “Manual de Carreño” enfocado para la escalada. Fue en la escuela secundaria donde mi severo maestro de la materia de Civismo nos lo hizo soplárnoslo todito entero. Aunque por aquél entonces no podía vislumbrarle alguna utilidad práctica en la escalada parece que actualmente lo hace necesario.
Confieso que quizás el recordar lo antaño y afirmar que aquellos sí que eran tiempos mejores parezca nostálgico y propio de un antiguo dinosaurio excéntrico, el cual ha visto pasar la inesperada evolución de la escalada, pero es seguro que la manera de comportarnos ha cambiado enormemente desde que en las zonas de escalada solo habíamos un reducido grupo, en donde prácticamente nos conocíamos todos y en el que no nos estorbábamos unos con otros, respetando cabalmente un código de comportamiento no escrito pero aceptado por todos sin chistar.
Hoy, la escalada se ha masificado como nunca antes produciéndose en muchas ocasiones aglomeraciones que como consecuencia lógica hacen surgir situaciones inesperadas, que en otros tiempos pasados ni siquiera se antojaban imaginables.
Con ello por supuesto, no se trata de plantear una verdad absoluta en lo que es un comportamiento aceptable ni lo que sería lo correcto, sin embargo, si es necesario tener algunas pautas de comportamiento “civilizadas” para no amargarnos ese único día que podemos dedicarle a la escalada y convertirlo en un rato desagradable, dándole al traste con el disfrute, el relajamiento y el gozo que se supone nos daría.
Que agradable era escuchar el generoso y amable saludo de todos con los que nos cruzáramos en cualquier zona de escalada aún sin conocerlos y preguntar abiertamente cuáles eran sus planes por ese día haciendo amigable ese encuentro. Parece que hoy eso cuesta y pesa mucho, y nos pasamos soberbiamente sin siquiera mirarnos ignorándonos unos a otros.
He llegado con mis alumnos a zonas de escalada con muchas vías desocupadas e instantes después como arte de magia llega alguna cordada y precisamente se empeñan en hacer esa ruta para la que nos estamos preparando.
Y aquí surge quizás uno de los peores momentos del día en donde te preguntan malhumorados si te tardaras mucho, o ya están “formados” impacientes esperando su turno y vigilando celosamente que nadie se les meta.
Así que ve a cualquier pared con la idea de siempre flexibilizar tus objetivos o irle a echar un vistazo previo a la ruta elegida para no encontrarte en esa situación y te servirá para que otro día te levantes más temprano para que no te la ganen. Eso te hará estar más relajado y no hacer mala cara ni refunfuñar hacia los demás.
La proliferación de rutas pegadas unas con otras ha provocado alguno que otro incidente, ya que el espacio vital entre ellas es mínimo, y ese espacio se encuentra tan restringido y limitado que en caso de tener alguna caída daremos de lleno sobre el escalador que va justo debajo de nosotros en la ruta de al lado. Permite al escalador un buen rango de distancia, incluso deja que llegue al descuelgue y ahora sí inicia tu escalada de forma segura.
Ármate de paciencia, y calma las ansías cuando observes una cordada ubicada en la reunión de la ruta. Sinceramente, no te darán la bienvenida ni te palmearán la espalda si decides que te hagan un “huequito” donde apenas caben ellos y donde se pondrán en riesgo todos si cometes la locura de quererte encadenar también a esas dos mismas placas donde están autoasegurados. Permite que abandonen la reunión y cuando ésta se encuentre despejada ahora sí comienza a escalar.
Cuando hay un curso masivo el apañe es tremendo y los “yoyos” por todos lados acaparan toda posibilidad de hacer algo por ese día. Mala suerte. Así que cuando esto suceda más vale apechugar y quizás buscar otra opción en algún otro lugar cercano. Ni modo, así es esto de la enseñanza con grupos grandes.
Sí que sería una falta de tacto siquiera sugerir al instructor encargado que nos diera algún chance cuando la vía estará ocupada por una larga cola de varias personas. Sin embargo, ese instructor tendría un buen detalle hacia nosotros si nos permite utilizar cualquiera de sus rutas cuando los alumnos no tengan turno y permitiendo usar su propio equipo, por supuesto, manteniendo la ruta como estaba. Si ese raro milagro sucediese sería un buen consuelo para no quedarse sin hacer nada.
Cuando la cuerda de otra cordada se encuentre en alguna vía y no se esté utilizando se vale preguntar con confianza si la van a seguir ocupando. Si la respuesta es que no, se le pide a la cordada que por favor retire su cuerda para despejar la ruta dando oportunidad para que la otra cordada escale, ó se permitirá que se utilice esa misma cuerda para escalar en “yoyo” y posteriormente poner el propio, regresando inmediatamente todo el equipo retirado perteneciente a la otra cordada y dándoles cordialmente las gracias por acceder a este detalle. Esta es una acción de cortesía y se agradece su lógica, pero muchos no lo entienden así y se niegan tajantemente hacerlo.
Al no contar con la Guía o cuando no existe aquella de ese lugar, es muy común cuando se llega a una zona de escalada desconocida preguntar por la ubicación de las vías, grados de dificultad, el equipo necesario, estado de la reunión o descuelgue, etc., y si te hacen ese tipo de preguntas abstente de dar falsa información, ya que si la desconoces o si no estás completamente seguro de ella, podrás provocar algún perjuicio o daño al escalador que confiado la acepta como fidedigna. Se honesto y humilde para reconocer y confesar que no la sabes. Tranquilo, nadie te criticará.
Sin embargo, por ningún motivo te calles la boca si alguien está haciendo alguna mala maniobra, te tacharán de entrometido pero quizás evitarás algún accidente, y en donde de alguna manera u otra de suceder éste te verás desgraciadamente tú mismo involucrado además de otras personas que ni la deben ni la temen.
Por otro lado, ahora si mantente callado si nadie te pide algún consejo y aunque conozcas a la perfección como solucionar cada secuencia de movimientos de esa ruta donde se están cayendo y volando, consulta primero si requieren de tu ayuda para participar y darles la beta correcta.
Es entendible que alguna “rola” en especial te inspire y te motive a escalar grados altos pero no justifica que tus bocinas de tu ipod suenen estridentes a todo volumen perturbando la paz de los alrededores y robando la concentración de los escaladores cercanos.
Organiza y ordena tu material sin invadir espacios innecesarios, no lo desparrames por todos lados, si se concentra en un solo punto será más fácil vigilarlo. Asimismo, respeta la intimidad ya que hay gente que se siente incómoda e invadida si te colocas cerca de ellos.
Existen zonas donde se puede acceder fácilmente caminando a las partes superiores de las paredes, así que bajo ninguna circunstancia arrojes cualquier objeto hacia las partes bajas aunque no veas a nadie por ahí, puedes lesionar a escaladores o a personas que se encuentren caminando en los pies de vías.
Al retirar tu cable o lo lances desde arriba grita fuertemente “¡cuerda!” para alertar y prever que va caer cerca de ahí y no producirá algún golpe inesperado a las demás personas.
Si se circula por la base de la pared y una cordada se encuentra asegurando ten la precaución de no pasar por debajo de su cuerda, simplemente rodéalo o pide permiso para cruzar, y por supuesto no te atrevas a pisarlo.
Muchos padres llevan a sus hijos pequeños a las paredes y permiten (no todos, por supuesto) que anden de aquí para allá sin control alguno, por lo que hay que estar atentos a las caídas de roca y a la caída de ellos mismos. El padre anda por arriba disfrutando y abajo nadie se hace responsable del chiquillo poniéndose éste en riesgo de sufrir algún daño.
Da miedo como ha crecido el número de cordadas que se aparecen en la pared con su perro. Y da más miedo verlos a éstos deambular sin correa entre las cuerdas y mochilas de otros, husmeando a ver si se pueden devorar el lunch guardado dentro de la mochila, y otros orinándose precisamente en tu carísimo y flamante equipo. Sin duda, es adorable para su dueño pero hay que comprender que generalmente no siempre será así para los demás.
Hace poco, dos perros enormes se engarzaron en una fiera pelea, y al lograr separarlos con mucho esfuerzo los respectivos dueños se hicieron de fuertes palabras, y ahora fueron ellos los que se liaron a puñetazos emulando a sus animalitos, utilizando anillas y camalots para darse duro uno contra él otro. Nos había dejado estupefactos y en silencio esta acción inverosímil, además de patética a toda la concurrencia. Moviendo la cabeza en desaprobación y mirándonos unos a otros en silencio, no sabíamos si ponernos a reír o llorar ese triste día. Que degradante, bajo y ruin se había llegado.
Igualmente, otra de molestos perros es cuando ladra lastimosa y desesperadamente amarrado en la base mientras sus dueños están arriba campantes y despreocupados. Que conste, un servidor adora a los canes pero no me atrevería a jugarles una mala pasada de este tipo a los demás llevando a los míos.
Cada quién tiene el libre derecho de utilizar el celular para lo que le plazca y quiera, pero hay que ser discreto para gritar a todo pulmón tus peleas o desaguisados delante de toda la banda escaladora. En verdad que a los demás no les importa enterarse de tus chismes o broncas personales. Así que de suceder esto retírate lo más lejos posible para que nadie te oiga.
El abandono de la basura se ha venido haciendo un mal de cada fin de semana, llevarse la que generemos será nuestra obligación, aunque esta sea de tipo orgánica, es horrible ver cáscaras de plátano y naranja pudriéndose a la orilla de las vías.
Otra pesadilla son las colillas de cigarro, incluso en las reuniones o descuelgues donde sin escrúpulos y tranquilamente son dejadas aplastadas dentro de los “monodedos” utilizando estos pequeños agarres como ceniceros.
La flama de la escalada no se va extinguir, por lo contrario va a extendiéndose y popularizándose cada vez más y más, así que sabiendo que algún día nos vamos a encontrar reunidos en una pequeña franja de pared, concentradas muchas personas en ese espacio tan restringido, estas normas de convivencia serán necesarias y sencillas de ponerlas en práctica si existe la voluntad y el sentido común de cada uno de nosotros.
El egoísmo de algunos ha arruinado lo que debería de ser una sana y tranquila convivencia entre escaladores, construyendo una verdadera relación respetuosa y de civilidad nos hará más llevadera nuestra estancia en cualquier pared. Esta es la verdadera razón de ser y al final nos lo agradeceremos todos…
Fotos por: Raymundo Arciniega Dettmer
Escrito por: Raymundo Arciniega Dettmer
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